En las transacciones comerciales a nivel internacional, la figura del agente de aduanas resulta esencial. Su principal labor consiste en facilitar la exportación e importación de aquellas mercancías que estén sujetas a restricciones y a la inspección de aduanas.

En cada envío a España el agente de aduanas tiene la responsabilidad de clasificar, calcular el valor imponible y decidir qué artículos están sujetos a controles, limitaciones y cuotas. Todo esto le exige contar con un amplio conocimiento sobre los reglamentos y leyes aduaneras.

Por lo general desarrollan su tarea en puntos estratégicos como fronteras, aeropuertos y costas.

Sin lugar a dudas, se trata de una tarea de gran responsabilidad y que precisa de mucha precisión. De ellos depende que se hagan los pagos con la mayor satisfacción posible de los productos que entran o salen del país, por lo que tienen una elevada exigencia en lo que se refiere a la clasificación arancelaria.

Consiguen acabar con las situaciones de riesgo y detectan la introducción de mercancías prohibidas o ilegales en el país, garantizando además la seguridad jurídica para exportadores, importadores, autoridades y agentes aduaneros.

El papel del agente de aduanas y el transitario

Aunque puedan trabajar de forma conjunta, el agente de aduanas y el transitario asumen distintas funciones. El primero se responsabiliza de las gestiones administrativas que facilitan las entradas y salidas de mercancías fuera de la Unión Europea, mientras que el transitario realiza funciones de intermediario para gestionar los tránsito de los artículos extranjeros, para que una vez descargados puedan continuar su camino hacia el destino.

El agente de aduanas cuenta con la suficiente cualificación para gestionar el despacho de aduanas de los productos exportados o importandos a cuenta del representado; funciones de logística y gestión con autoridades, aduanas y transportistas; abonar los impuestos en nombre del importador y la expedición de los certificados de origen que sean precisos.